¿De qué va la Reforma Educativa y por qué hay tanta marcha?

Honestamente, si no fuera por las marchas que han paralizado la Ciudad de México y enloquecido a los chilangos y por los shows de quinta que han dado tanto policías como maestros agarrándose unos contra otros, seguramente para muchos – jóvenes y no tan jóvenes – la Reforma Educativa sería un tema más de esos que se discuten (o no) en el Congreso. Desde luego, no soy quién para juzgar su falta de interés, peeeero… el hecho de que lo que pasa en materia de educación no impacta directamente a nuestros ingresos no justifica que nos sigamos de largo cada vez que escuchamos un comentario relacionado al tema.

Aunque a veces se nos olvide, la educación es lo más importante para el desarrollo de una sociedad y en México aún hay mucho por hacer. Para que se den una idea: bajita la mano, sólo 35 de cada 100 estudiantes que ingresan a primaria, la terminan. No sólo eso, a nivel secundaria, según los resultados de la prueba PISA más de la mitad de los alumnos se gradúa sin los conocimientos mínimos necesarios, o sea, ¡4 de cada 10 alumnos ni siquiera obtiene los conocimientos básicos de español! El Ola ke ase? no es sólo un meme y los comentarios eZkriToz azHi son la realidad de muchos niños y jóvenes mexicanos que no aprenden nunca a leer y escribir bien.

No obstante, a pesar de la n cantidad de cosas que se podrían hacer para mejorar la educación en el país, la Reforma Educativa se limita básicamente a proponer dos:

  1. El fortalecimiento del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE). La iniciativa propone convertir al instituto – ya existente – en una entidad autónoma responsable de medir, analizar e identificar las áreas de oportunidad del sistema educativo. Es decir, convertirlo en un instituto tipo INEGI pero exclusivo para los temas de educación.
  2. La creación del servicio profesional docente para quitarle, de una vez por todas, el poder a los sindicatos (a.k.a. SNTE y CNTE). De aprobarse, los maestros tendrían que decirle adiós al corrupto sistema de plazas con el que se manejan actualmente y en su lugar adoptar un sistema basado en méritos. En otras palabras, para ser elegidos, promovidos o simplemente mantener su empleo, los maestros tendrían que hacer bien su trabajo: educar a los mexicanos de manera formal e institucionalizada.

Esto en papel se ve re-bonito. Todos los que trabajamos – Godinez o startuperos – conocemos bien los sistemas de promociones basado en nuestro desempeño y entendemos perfecto que para subir de nivel en el organigrama hay que perseguir la chuleta y partirnos el lomo todos los días no para cumplir, sino para superar los resultados esperados. Pero entonces, ¿cuál es el maldito problema? ¿Por qué tanta marcha?  

Resulta que el problema con la Reforma Educativa no es técnico, pero sí político.

Hace un par de semanas muchos dimos por hecho que la foto que mostraba el rescate en Acapulco de los mirreyes y mirreynas hijos de funcionarios públicos era real, sin antes mover un dedo para verificar los hechos. Hemos llegado al punto donde, con justa razón, creemos al gobierno capaz de cualquier cosa y esta desconfianza se ha vuelto un mal generalizado del que algunos se aprovechan para beneficio propio. Así como nos pasó a nosotros, los teachers creen ciegamente todo lo que les dicen los líderes sindicales quienes – negados a perder el control que les permite hacer y deshacer a su antojo – se aprovechan para manipular la información y jugar al teléfono descompuesto.

Desde luego, no todos los maestros son iguales; hay niveles. Algunos maestros protestan por la falta de infraestructura y malos sueldos y tienen toda la razón, pues la verdad es que en algunos estados – como Oaxaca y Chiapas – la condición de las escuelas está pal perro y la reforma no propone nada para mejorarlas. Sin embargo, las justificadas razones de los menos se pierden cuando la inmensa mayoría protesta sin saber qué pex con la reforma o simplemente porque no está de acuerdo con perder el privilegio de no  hacer nada y jamás poner en riesgo su trabajo. Entre estos últimos están los dizque maestros que jamás han puesto un méndigo pie en una escuela y aun así reciben el sueldo… ¿y su nieve, mirrey?

No estoy ni a favor ni en contra de que los maestros protesten por sus derechos laborales. Cada quien hace de su vida un papalote y si esa es la manera que ellos consideran más adecuada para exigir el diálogo con el gobierno, adelante. Si algo hay en México es libertad de expresión. Sin embargo, no se vale protestar por no querer hacer bien su trabajo y para nada me parece que, además, lo hagan a costa de dejar a miles de alumnos sin clases cada vez que a los sindicatos se les ocurre organizar una protesta. 

Los alumnos son los que menos culpa tienen y son a los que peor les va en la feria. Mientras el gobierno lucha por quitarle poder a los sindicatos y éstos por mantener las plazas de sus militantes, los estudiantes se tienen que conformar con una educación rezagada, mediocre e impartida a medias, al ahí se va. Tanto al gobierno como a los maestros se les olvidó que el foco de la política en materia de educación debe ser quien aprende y no quien enseña. La reforma debería buscar cómo extender la educación a todo el país, cómo promover la curiosidad para que los alumnos se interesen en seguir aprendiendo y cómo reducir la brecha digital, entre otras cosas.

La propuesta de Reforma Educativa se queda corta para todo lo que hay por hacer. No sorprende, pero frustra e indigna que temas prioritarios para el desarrollo del país se sigan comprometiendo a cambio de no perder el voto de quienes parecen más acarreados políticos que profesores dignos. 

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